Hay un momento que llega casi al final de cada comida o cena y que a menudo es el que se recuerda con más agrado.

Las mesas ya se han despejado, el café se ha servido y la conversación continúa sin mirar el reloj. Alguien se levanta para buscar una botella, otra persona pregunta qué hay para beber y, casi sin darse cuenta, la sobremesa se convierte en la forma más agradable de prolongar el tiempo compartido. No hacen falta decenas de botellas ni una bodega muy surtida. Basta con unas pocas opciones, diferentes entre sí, capaces de adaptarse a distintos gustos y ocasiones. Hay quienes prefieren un licor de cítricos, quienes no renuncian a un amargo de hierbas, quienes eligen un mirto, una grappa o, en las noches más cálidas, una buena ginebra.

Aquí tienes algunas ideas para contar siempre con una selección capaz de complacer a todos, sin renunciar al placer de dar a conocer algo nuevo.

El aroma de los cítricos que conquista a todos

Cuando se trata del final de una comida, el limoncello sigue siendo uno de los grandes clásicos. Fresco, aromático y muy agradable de servir bien frío, es una opción que complace fácilmente a la mayoría de los invitados. Si el aroma de los limones evoca de inmediato el Mediterráneo, el Limoncello Gargiulo lleva a la copa toda la tradición de la Costa Sorrentina, convirtiéndose en una presencia imprescindible para quienes prefieren los sabores más clásicos.

Sin embargo, junto a los grandes protagonistas, también hay espacio para descubrimientos muy agradables. Es el caso de S'Anima de Pompia, un licor elaborado a partir de la pompia, uno de los cítricos más raros de Cerdeña, cultivado principalmente en la zona de Siniscola. Muchos nunca han oído hablar de él, y eso es precisamente lo que lo hace tan interesante: ofrecerlo al final de la comida significa regalar a los invitados la oportunidad de probar una tradición poco conocida, que a menudo se convierte también en el punto de partida de una nueva conversación.

Cuándo y cómo servirlos:

  • Muy fríos
  • Después de un almuerzo o una cena a base de pescado
  • Con galletas secas o postres de cítricos
  • Durante las noches de verano

Cuando la sobremesa huele a "amaro"

Hay una pregunta que, tarde o temprano, siempre llega: "¿Tienen un amaro?"

Para muchos es la forma natural de terminar la comida y cada botella cuenta una tradición diferente, hecha de hierbas, recetas heredadas e ingredientes vinculados al territorio. Quienes prefieren los sabores de la montaña pueden optar por el Amaro Hantak, nacido en Lessinia e inspirado en la cultura cimbria. Para quienes eligen productos elaborados con ingredientes ecológicos, el Amaro Rubino Bio representa una alternativa interesante.

Si, por el contrario, quieres llevar a la mesa un amaro diferente a lo habitual, el Amaro al Carciofo Paesano, elaborado con el Carciofo Nostrum de Niscemi, une la tradición de la alcachofa con la del final de la comida. Una opción que despierta curiosidad y que muchos aprecian precisamente como digestivo. Tres amari muy diferentes entre sí, pero unidos por la capacidad de contar la historia del territorio del que provienen.

Mirto: un pequeño sorbo de Cerdeña

Hay licores que consiguen evocar un lugar incluso antes de probarlos. El mirto es uno de ellos. Su aroma evoca de inmediato la maquia mediterránea y los paisajes de Cerdeña, convirtiéndolo en una de las opciones más apreciadas para acompañar la sobremesa.

Si te gusta esta tradición, Ruju de Istinto Sardo conquista con un delicado prensado de las bayas, pensado para preservar sus aromas y fragancias. Galù se distingue, en cambio, por la gran cantidad de bayas utilizadas en la infusión (un kilo por cada litro de alcohol) y por una elaboración totalmente artesanal que respeta la receta más sencilla: solo bayas, alcohol, agua y azúcar.

Servido ligeramente frío, es capaz de conquistar tanto a quienes ya lo conocen como a quienes lo prueban por primera vez.

Ideas para salir de los grandes clásicos

Una de las cosas más bonitas del final de una comida es que a menudo ofrece la oportunidad de hacer nuevos descubrimientos. Por eso quiero invitaros a salir, al menos por un momento, de los grandes clásicos y acompañaros a descubrir sabores que tal vez nunca hayáis probado, pero que hablan de territorios, tradiciones e ingredientes realmente singulares.

La naranja, por ejemplo, con su aroma intenso y su equilibrio entre dulzor y frescura, encuentra fácilmente su lugar al final de la comida, sobre todo para acompañar un postre. De esta idea nace Amargura, el Licor de Naranja Contemporáneo de Istinto Sardo, que pone en valor este cítrico con un enfoque original, realzando su fragancia y su carácter.

Si nos trasladamos a los Alpes, en cambio, el final de la comida cambia por completo de aspecto. Aquí entra en juego el Genepy, que toma su nombre de la planta de montaña homónima (Artemisia mutellina), ligada desde siempre a la tradición alpina. El Genepy Cornelio, obtenido de la infusión de esta planta, es un grato descubrimiento para quienes aprecian los aromas herbales y desean llevar a la mesa algo diferente a lo habitual.