Cada vez que tengo delante un postre de chocolate negro, busco un amargo que no aporte más dulzor, sino que sea capaz de acompañar su intensidad. Las notas de quina, ruibarbo, genciana y regaliz crean un agradable contraste con el cacao, mientras que las hierbas aromáticas hacen que el final sea aún más persistente. Es una combinación que suele recomendarse también en las guías dedicadas al food pairing entre amargos y chocolate. Entre mis favoritos está el Amaro Cornelio, elaborado mediante infusiones en frío de botánicos como quina, ruibarbo, genciana, lavanda, regaliz y menta. Este perfil aromático hace que, en mi opinión, sea especialmente adecuado para acompañar el chocolate negro, donde la frescura y el toque amargo consiguen equilibrar la riqueza del postre.